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Sarita Krick

Sarita Krick

Vive en Calafate, Tierra del Fuego

Más info en:

  @demijardin

 @demijardincalafate

Emprendedora entre vientos Patagónicos

Mientras escucho a Sarita Krick, una porteña de 36 años, radicada en Calafate hace ya varios años, recuerdo cuando leí el inolvidable libro de María Brunswig, Allá en la Patagonia. En él se relatan las historias de la madre de la escritora, una alemana corajuda que se vino atrás de su marido, a principios de siglo, a hacer patria en la Patagonia Argentina.

Sarita se parece bastante a esta buena señora. Cuando se casó, hace 11 años, partió sin dudar a vivir a una estancia, que su marido administraba. Quedaba a 100 kilómetros del pueblito más cercano por camino de ripio.

Me la imagino con el pelo enredado por los vientos, abrigada de arriba abajo durante el invierno, iniciando su familia con esfuerzo, pero con mucha alegría. Me dice sin dudar que la Patagonia es su lugar en el mundo. Y se lo creo.

Es agrónoma y trabajaba, antes de partir, en una multinacional de agroquímicos y semillas con oficinas en Puerto Madero. Era asistente técnica de registros.

«No fue fácil llegar a las antípodas, a esa estancia donde todo era tan distinto, incluso durante los primeros cuatro años no teníamos internet. Mucho tiempo sola en la gran inmensidad patagónica, con el mejor de los espectáculos: el lago San Martin. Hubo mucho tiempo de reflexión e imagino que ahí nació la fortaleza para poder instalarme hace ya cuatro años en Calafate, a raíz de la escolarización de nuestros cuatro hijos, relata Sarita con emoción recordando esos tiempos.

“De mi jardín “nace como la búsqueda de desenvolverme profesionalmente en un medio complicado para la mujer agrónoma: la Patagonia. Se gestó en esos 8 años de ama de casa y mamá donde, con un amor nato por la jardinería más el conocimiento universitario, poco a poco, prueba y error, fui conociendo los cultivos de la huerta como entrenamiento personal y un estilo de vida autosuficiente. Todo se desarrollaba en un invernadero de 18 m2 que construyeron mi marido y mi cuñado. Allí también aprendí a multiplicar plantas ornamentales que hoy también se suman al vivero», continúa Sarita su relato.

Luego este vivero se multiplicó al llegar a Calafate y ahí empezó su trabajo de asesoramiento profesional a particulares para armar sus huertas y más tarde a Estancias Turísticas y hoteles que quieren brindar este servicio a sus clientes. Hoy también da cursos de huerta.

«De mi jardín soy yo, es mi familia, es nuestro estilo de vida. Es la instantánea de mis hijos robando frutillas o rabanitos y comerlos al lado mío mientras trabajo. Es la pasión que les quiero transmitir, es el trabajo en equipo con mi marido y es la materialización de la frase de mi abuela que la llevo como máxima: No hay oficio zonzo, solo hay gente zonza. Hoy no me imagino en otro emprendimiento», concluye con orgullo.

La fortaleza y tenacidad de Sarita, envuelta con el amor a su familia, muestran que nada es imposible cuando uno se lo propone. Ningún viento, ninguna tormenta de nieve ni aluvión puede quebrar un sueño. Al contrario, lo fortifican. A las pruebas me remito. Felicitaciones a Sarita y @demijardincalafate y en fb @demijardin . Visítenla si van a Calafate. No se van a arrepentir.

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