
Luchi Travers
Si querés, podés
Esta vez me entrevisto, via Skype, con Lucia Travers, una argentina de 35 años que hace tres años se mudó con su marido e hijas a ciudad de México por trabajo de él.
Lucía me cuenta que es terapeuta ocupacional y que en Buenos Aires trabajaba mucho en un consultorio de pediatría con un equipo interdisciplinario, especializándose en niños con algún problema en la integración sensorial, que es su especialidad.
Al llegar a México y después de algunos meses, necesarios para establecerse, Lucia se conectó con una médica pediatra con maestría en terapia ocupacional, algo que en Buenos Aires no existe. “No me fue difícil conseguir entonces un trabajo, ya que ni bien la visité y le llevé mi CV me ofreció empezar a trabajar en su consultorio”, me cuenta Lucia con mucha seguridad.
“Lo que me resultó más complicado fue la dinámica familiar, ya que en México no existen los colegios doble turno, por lo tanto, cuando llegaban mis hijas a casa era justo el momento en que mis pacientes me pedían un horario para ser atendidos. No tenía a nadie a quien recurrir para que me diera una mano, porque recién estaba empezando a hacerme de amigos. Por lo tanto, organizarme, fue al principio un poco estresante”, continúa en su relato mientras noto en su voz el esfuerzo que tuvo que hacer al principio para poder lograr lo que buscaba.
Su empleada, quien parece haber entrado rápidamente en confianza con ella, es su mano derecha y contiene a sus hijas cuando Lucía no está. Se nota en Lucía, su presencia maternal y su entusiasmo por estar activa en la vida de su familia, pero también su gran pasión por lo que hace. Mientras que la escucho se me hace evidente esa dualidad entre estas realidades tan comunes en quienes se expatrian.
“A nivel profesional, en Buenos Aires, estaba acostumbrada a trabajar con un equipo que me daba su mirada con los pacientes más complejos y eso me daba más seguridad y obviamente colaboraba para que ellos fueran avanzando. En ciudad de México se trabaja más solo, lo que hace que muchas veces me sienta un poco insegura en algunos casos por la falta de ese apoyo del equipo. Además, en Argentina yo trabajaba con personas de diferentes niveles socioeconómicos. En cambio, ahora en México, al no estar cubierta esta terapia por las obras sociales, las personas que acuden son de un nivel social alto y por otro lado a veces solo eligen un terapeuta, por una cuestión de costos, lo que hace que los niños no avancen tanto como cuando varios profesionales los acompañan”, continúa Lucía mostrando las diferencias culturales y sus consecuencias.
“Algo que me ayudó también fue que pude hacer la certificación en integración sensorial con la Asociación mexicana de integración sensorial y también con un programa de EE. UU que se llama CLASI (Collaborative for Leadership in Ayres Sensory) .Todo esto me abrió mejor las puertas a mi crecimiento profesional”.
Además de su empleada, Lucía me cuenta con mucho agradecimiento el apoyo que recibe de su marido que siempre la ha empujado a seguir desarrollándose profesionalmente y formándose académicamente.
De este modo, les dejo acá, el relato de otra expatriada argentina, que con esfuerzo y tenacidad ha logrado ocupar un lugar de privilegio en su experiencia en el exterior, creciendo en sus habilidades como profesional en un país donde todo le era desconocido.
