El mundo de la expatriación se ha convertido en una manera de transitar una etapa de la vida para muchas familias. La globalización y el gran crecimiento internacional de las empresas hacen que muchos ejecutivos deseen tener una experiencia laboral en el exterior. Para las mismas empresas esta realidad se convierte en un gran desafío ya que la multiculturalidad ayuda a su evolución. Si bien hoy en día esta situación es casi cotidiana para nosotros, porque quien no tiene un amigo o pariente viviendo en el exterior, hay algunas situaciones que se transitan con cierta dificultad. Una buena preparación previa y un acompañamiento especializado en los primeros tiempos seguramente colaborarán a que estos años en el extranjero se conviertan en un gran aprendizaje.
En el año 2004, un día mi marido me contó que en la empresa francesa donde trabajaba le habían ofrecido expatriarnos a París con un puesto internacional. Las piernas me temblaron y sentí que algo importante se avecinaba. Era un enorme desafío profesional para él, algo que desde hacía mucho tiempo deseaba.
No dudé, después de escucharlo un buen rato, que nuestro destino estaba marcado y que en breve tiempo estaríamos viviendo allá. Se requería estar muy centrado para encarar esta mudanza, algo que con el tiempo me dí cuenta que era imposible lograr en una experiencia así. No éramos tan jóvenes y ya algunos de nuestros hijos estaban en edad de elegir y decidir por voluntad propia. Me fui convirtiendo poco a poco en una malabarista de decisiones, entre trámites, papeles en regla, seguros médicos, búsqueda de colegio y de vivienda y por sobre todo en organización de la mudanza. Pero lo que más tuve que aprender fue a sostener emociones encontradas que me entusiasmaban, pero a la vez me producían el vértigo propio de quien se lanza al “vacío”. Aparecían la tristeza de las despedidas y la confianza en que los lazos profundos no los corta la distancia, la curiosidad de una vida diferente y la nostalgia por los hábitos ya incorporados que, quizás, debería abandonar. Pero, fundamentalmente, se hacía inminente el aprender a soltar el control y confiar en que, lo que iría sucediendo, sería para cada uno de nosotros una escuela para aprender a volar.
Después de haber vivido seis años en París, me dí cuenta que todo lo que fui incorporando en ese tiempo fue mucho más de lo que había soñado al partir. Para mi gran sorpresa esos años se convirtieron en “mi salida al mundo”, en el abrir mi mente, bajar los prejuicios, cruzar a la orilla de enfrente para mirar la vida más ampliamente y aprender en la interculturalidad el inmenso mundo interior del ser humano.
En este blog iré contando experiencias durante estos seis años, quizás los más ricos de mi vida y también iré compartiendo testimonios de otros expatriados.
Mi deseo más fuerte es poder crear un espacio para que muchas otras personas puedan contar sus propias experiencias y que este lugar virtual se convierta en el encuentro de tantos que, como nosotros, se atrevieron y se atreven a abrirse al gran mundo de la expatriación. Ojalá que estos relatos nos ayuden a darnos cuenta que, los inconvenientes y dificultades que tengamos que enfrentar, son parte obligada del gran combo que esta experiencia nos ofrece, y que podamos aprender a incorporarlas como las oportunidades que tendremos para conocernos más y aprender a transitar la vida de una forma congruente y positiva.



2 comentarios. Dejar nuevo
Hola María.
Nosotros nos estamos volviendo desp de 10 años en el exterior. Me gustaria q me dieras consejos para mos hijos adolescente, que obviamente no están muy contentos con la idea.muschisimas gracias dolores
hola Dolores te acabo de mandar un mail a la direccion que aparece con tu nombre contandote algunas cosas. Si no lo recibiste avisame adonde puedo escribirte. Gracias por contactarte