Sentir, que se está eligiendo algo en el cambio, ayuda a tomar responsabilidad. En los niños muy pequeños explicarles lo que va a suceder, mostrarles fotos o videos del nuevo destino, hacerles elegir lo que llevaran con ellos (juguetes, libros, elementos que les den seguridad), dedicarles un tiempo, en la agenda apretada de la mudanza, para hacer un programa, organizar despedidas en el jardín de infantes o con sus amigos del colegio, primos, abuelos, hacerles dibujar para que expresen lo que están sintiendo son algunas de las actividades que pueden ayudar a que el niño vaya transitando el proceso con seguridad. Permitirles momentos de desestabilidad, enojos, tristezas, y ayudarlos a que vayan buscando, ellos mismos, lo que necesitan para sentirse más estables, les da paz.
En el caso de los adolescentes, y pre adolescentes los cambios que sufrirán son muchos, sobre todo la pérdida de su red social que para ellos es fundamental en ese momento de la vida donde se está formando la identidad. Es un tiempo de despegue de sus padres, donde ellos se refugian en los grupos de amigos. Al llegar al nuevo destino deberán resocializarse. Llegan con muchas experiencias vividas en su pasado y no siempre los nuevos compañeros están dispuestos a escucharlos. No tienen vida compartida y esto hace que muchas veces se sientan muy solos y raros frente a los nuevos amigos.
Si las expatriaciones son múltiples, los niños y adolescentes pueden frenar la capacidad de arraigo, sintiéndose nómades y evitando las relaciones por el miedo a volver a perder a quienes han sido importantes para ellos. Por eso es aconsejable poder ayudarlos a armar sus redes para seguir en comunicación, quizás organizar visitas de algún amigo al nuevo destino y promover encuentros con su red social en el caso de viajar al país de origen en algún momento. De esta forma podrán ir descubriendo los beneficios que esta experiencia les irá dando: apertura de mente, un mayor conocimiento del mundo y las culturas, un intercambio que enriquece, una capacidad mayor de tolerancia etc. Apoyar esto les da seguridad y despierta la curiosidad por lo nuevo haciéndolos más flexibles, resilientes y empáticos.
familiar. Los adultos, muchas veces, creemos saber lo que nuestros hijos necesitan. Esto se crea en nuestra mente, quizás basado en nuestra propia experiencia y necesidad y creemos adivinar como el mejor mago, sus deseos.
Pero si aprendemos que, dar lugar a lo que cada uno está sintiendo, pensando y necesitando, es solo poner todos estos elementos sobre la mesa para lograr una buena negociación, podremos bajar el stress de todos.
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Me gustó mucho!!! Es tal cuál!!!