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EXPATRIADOS: REGRESANDO A CASA

21 marzo, 2019Maria BerardiSin categoría2 comentarios
Y un día llegó el momento de regresar. Una mezcla considerable de emociones nos abarcaba de lado a lado. Algunos saltaban de alegría, otros transmitían un poco de miedo, otros nos sentíamos estresados por todo lo que se venía encima. Sin embargo, el entusiasmo y las ganas de abrazar a los nuestros y verlos más seguido era la motivación principal.

A mí, en lo particular, se me mezclaban los sentimientos. Habíamos logrado establecernos en Paris después de seis años de vivir allá. Ya éramos un poco franceses en nuestros hábitos. Desde el queso antes del postre, a manejar mucho más atentos a las señales de tránsito, a mandar cheques por correo, a hablar en mil idiomas en simultáneo. A subirnos al auto y en dos horas estar en la montaña o en la playa, o ir a mil exposiciones de arte hasta cansarnos, caminar por el Sena o comer en un bistrot. Y si bien nunca terminé de establecerme completamente porque parte de mi familia había quedado en Buenos Aires ( tres hijas) Paris era ya una parte de mí.

Así que con cierta nostalgia se fueron sucediendo los días mientras iba despidiéndome de la panadera, la chica de la florería, el farmacéutico de la esquina etc. etc. Ni que hablar cuando notificamos a los amigos que regresábamos a Argentina. Ellos se habían convertido en nuestra familia. Habían hecho de padres, de hermanos, algunos de hijos durante esos seis años. Con ellos habíamos llorado juntos en momentos tristes, y reído sin parar cuando compartíamos anécdotas de expatriados en Paris. Festejado los cumpleaños, actos de fin de año del colegio, competencias deportivas. Ya empezaban a distanciarse físicamente, aunque siempre quedaría adentro nuestro todo lo vivido con ellos.
Las valijas y las cajas para la mudanza empezaron a ocupar el departamento y en pocas horas todo partió al barco. El conteiner se cerró a presión. No entraba nada más. Los últimos días fueron para comprar algunas cosas más que llevaríamos de recuerdo para decorar nuestra casa. Todo era poco.

Soñabamos todas las noches con el reencuentro en el hall del aeropuerto, donde yo sabía, con certeza, que estaría parte de mi familia y los amigos más íntimos esperándonos con pancartas y sonrisas llenas de lágrimas de alegría.

Los días sucesivos a la llegada fueron duros. Establecerse, todavía sin nuestras cosas, hacer trámites, empezar colegio nuevo, contener a uno y a otro en su adaptación y a mí misma con mis propios abrazos, era tarea de cada minuto. Me sentía rara. Prendía la tele y no conocía a casi nadie. Iba al supermercado e inútilmente buscaba productos que acá ni existían. Me pasaba horas en las góndolas tratando de adaptarme al cambio. Me costaba sentirme parte porque no tenía historia compartida durante esos últimos seis años.

Pero el tiempo pasa, y todo se fue acomodando. De a poco ya nos sentimos más tranquilos y la agenda se fue llenando con actividades que nos ayudaron a volver a sentirnos bien.

Es cuestión de paciencia y de apoyarnos entre todos para ir equilibrando el corazón. Cada uno a su ritmo y permitiéndose la tristeza y ciertos enojos como parte del proceso de adaptación.

Volver a oler las flores en la primavera, disfrutar de los jacarandás en flor, los saludos por la calle y las gauchadas de los vecinos. Los asados de los domingos, las juntadas multitudinarias y el teléfono sonando todo el tiempo para ver cómo estábamos fue lo que hizo que rápidamente me volviera a sentir en casa.

 

Maria Berardi
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2 comentarios. Dejar nuevo

Anónimo
31 marzo, 2019 11:36 pm

Yo voy por el 2do regreso….como el anterior, muy dificil. Cada destino nuevo es diferente, un mundo nuevo por descubrir. Pero (para mí) el desafío es mayor cuando hay que readaptarte a un lugar. No hay lugares nuevos por conocer y es más dificil el hacerte (rehacerte) tu lugar…

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Carlos J. Cesar
9 abril, 2019 10:56 am

Muy bueno Mária. Gracias por transmitir experiencias personales

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