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LA GESTIÓN DE EMOCIONES: una herramienta indispensable en la expatriación

10 mayo, 2018Maria BerardiPRIMEROS TIEMPOS, Sin categoríaNo hay comentarios
En una expatriación las personas atraviesan varios duelos, producidos por las pérdidas que tienen que atravesar. El idioma, las costumbres, el país, las amistades, familias etc. Este proceso puede llegar a durar un año, si es vivido a conciencia.  Durante este tiempo las personas atravesaran una serie de emociones que es interesante conocer de antemano.
La palabra emoción viene del latín, del verbo emovere (moveré mover, trasladar) y el prefijo e que significa retirar, desalojar. O sea que la palabra emoción es aquello que nos saca de nuestro estado habitual o en transparencia produciendo un movimiento en una dirección determinada.
“Todo lo que sentimos, produce una sustancia química que circula por el cuerpo. Ella es captada por los receptores de cada célula y provoca un cambio en ella. El cuerpo reacciona a la emoción con una gama de cambios físicos: desde aumento de la frecuencia cardíaca y respiración entrecortada hasta debilidad en las piernas, labios temblorosos o piel erizada. Una vez que el cuerpo ha reaccionado, el cerebro asimila los cambios y los traduce al lenguaje de las emociones: es entonces cuando sentimos. Tras ello podemos racionalizar lo que sucede y tomar una decisión meditada. Como vemos, una de las funciones principales de las emociones es expresar como el inconsciente procesa una serie de estímulos externos y los refleja en la biología…Ciertas respuestas que tenemos se dan porque en el curso de nuestra evolución nos ha sido útil que los demás supieran cuándo percibíamos peligro, de la misma forma que también nos ha sido útil estar preparados para salir corriendo cuando estábamos atemorizados. Las emociones no pueden considerarse ni buenas ni malas, ya que todas son biológicamente indispensables para reaccionar de forma adaptativa ante los estímulos del entorno. Estas respuestas emocionales vienen grabadas en la genética, son una herencia de la evolución y se refuerzan con los aprendizajes. Los seres humanos tenemos en común una serie de emociones básicas, pero la manera de gestionarlas es totalmente personal y única. Cada individuo posee su propia representación interna del mundo en el que vive, formada por sus creencias, valores, opiniones y pensamientos”. (Enric Corbera, Bioneuroemoción, Un método para el bienestar emocional)
Por eso las maneras de reaccionar, que cada ser humano tiene frente a las cosas, es diferente porque está condicionada según el observador que es. Para una familia cuyo abuelo inmigrante vino a la Argentina después de la guerra huyendo del hambre, el expatriarse puede ser considerado como una experiencia llena de posibilidades y de éxito ya que siempre en su casa se vió la inmigración como una salvación. Por lo tanto, cuando a un nieto le toque esta experiencia estará condicionado a ver todo desde esta óptica. Y no registrará, por tener reprimidas sus emociones, en lealtad a este modo de ver la inmigración, los avisos que su cuerpo le dé con respecto a las dificultades que le pueden aparecen frente a cada experiencia que tenga, sobreponiéndose a todo con exigencia. (tristeza por las despedidas, miedos a lo desconocido, enojo frente a las dificultades) . Mientras que, si en una casa el expatriarse es visto como un abandono a su familia, cualquier oportunidad que tenga de trabajar en el exterior podrá ser rechazada por miedo a no sentirse querido y aceptado si la realiza. Estas reacciones emocionales estarán relacionadas por lo tanto a historias de vida anteriores que lo condicionaron a ver esa situación así. Por no ser escuchadas, repercibidas y bien gestionadas podrán terminar repercutiendo en nuestra salud enfermándonos psíquica o físicamente. Ya que el cuerpo habla lo que la mente calla.
Todas las emociones, por lo tanto, tienen una función en cada uno de nosotros. Si ellas no se hacen conscientes no servirán para tomar una decisión libre frente a lo que estamos viviendo. Por lo tanto, las emociones (tristeza, enojo, celos, culpa) no son un problema en si. Si las consideramos como un tablero de mandos, y aprovechamos todo lo que ellas nos informan, podremos tener respuestas acordes a lo que sentimos.
¿Qué pasaría entonces si yo miro una emoción como algo malo para mí? Ej.: Si yo miro la tristeza como un camino a la depresión y recuerdo la depresión crónica de mi padre como algo malo en mi vida, cada vez que mi cuerpo me avisa que un hecho de vida me entristece, haré un esfuerzo por esconder esa emoción, la que finalmente se hará crónica , por no sentirse escuchada y terminará por instalar la depresión tan temida.
Si escuchamos nuestras necesidades y las atendemos podremos lograr un equilibrio físico y mental.
“Las emociones nos ayudan en el proceso de cambio de percepción. Si los recuerdos de las experiencias más importantes van unidos a una emoción concreta, es obvio que no se pueden cambiar sin cambiar dicha emoción. Para reinterpretar una situación es imprescindible que la persona se reencuentre con las emociones implicadas en los sucesos vividos en el pasado y aprenda a gestionarlas de otra manera. Esto permite trascender y cambiar el recuerdo de esas experiencias a partir de ese momento y de esta forma dejar de proyectarlas en el futuro. Los recuerdos que almacenamos con respecto a algo que nos ocurrió en el pasado repercuten en el presente y por ende en lo que anticipamos como futuro.
Cabe reafirmar que las experiencias no son buenas ni malas en un primer orden de realidad, simplemente son experiencias. Lo que nos lleva al desequilibrio es tomar una decisión y posicionarnos en exceso a favor o en contra de lo que nos sucede. Cuando esto ocurre, el cuerpo ancla una emoción en esa experiencia. Mediante la emoción, podemos trasladarnos de nuevo a ese momento y encontrar una tercera opción que nos permita trascender los opuestos, dejar atrás ese desequilibrio e integrar un nuevo aprendizaje para ampliar la conciencia. Vivir en el presente no resulta sencillo porque los recuerdos que conforman nuestro pasado se graban con una función básica: la supervivencia. Podemos pensar que nuestras experiencias de vida son duras, irreparables e incluso inadaptativas, pero no es así. Entender la intención positiva de esas vivencias hace posible recoger el aprendizaje que tienen para nosotros. Reencuadrar estas experiencias y percibirlas de otro modo es una forma de completarnos como individuos. De esta manera, no nos juzgamos por aquello que pudimos o no hacer y dejamos de proyectarlo en el futuro.”(Enric Corbera, Bioneuroemoción)
He transcripto esn)tos párrafos de Enric Corbera por considerarlos claros para la explicación de cómo funcionan las emociones y aprender entonces a gestionarlas, en pos de evitar situaciones que puedan perjudicarnos demasiado.
En el proceso de expatriación muchas emociones se ponen en movimiento. Y como he dicho antes, se atraviesan varios duelos. Estos duelos serán transitados por cada miembro de la familia de una forma diferente, según las percepciones que cada observador tenga. Es por eso que no podemos generalizar sobre lo que cada uno vive en estas circunstancias, aunque algo en común tengamos todos. El poder escuchar todo lo que nos pasa, ponerle palabras sintiéndose respetado en cada sentimiento con empatía, nos ayuda a la repercepción de las cosas y a lograr un equilibrio en ese cambio que el desarraigo nos trae. Es una enorme oportunidad para aprender estas herramientas que más allá de ayudarnos en el proceso de la expatriación, nos ayudaran a crecer en nuestros vínculos mejorando nuestra calidad de vida, a pesar de las circunstancias.
Estudios realizados sobre el tema por la Universidad de Navarra y por Ernst and Young aseguran que los mayores motivos de fracaso de las expatriaciones tienen que ver con una mala adaptación del núcleo familiar (y yo agrego  del ejecutivo en cuestión). A pesar de esto, son pocos los fondos destinados a superar este problema.
Es por eso que el trabajo del reconocimiento de sus emociones, que la familia pueda realizar desde el principio, considero es de suma importancia para lograr una transición exitosa para cada uno de los miembros de la familia, incluido el responsable del traslado, y también para la empresa que podrá tener un ejecutivo equilibrado desplegando todas sus potencialidades en su puesto de trabajo.

: acompañamiento, equilibrio, gestion de emociones, proceso de desarraigo
Maria Berardi
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