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EL PROCESO DE DESARRAIGO

10 mayo, 2018Maria BerardiProceso de desarraigo, PROCESO DE DUELO EN LA EXPATRIACIÓN, Sin categoríaNo hay comentarios

Una vez recibida la propuesta comienzan a aparecer, en el ejecutivo y en su familia, un sinfín de emociones. Nos  encontramos frente a una situación estresante y desestabilizadora que nos hace transitar lugares de mucha incertidumbre. Sentimos que el piso se nos mueve y que nuestras referencias comienzan a entrar en las sombras. Estamos frente a un camino de readaptación para lograr un nuevo equilibrio. Este proceso llevará un tiempo y es interesante saber, de antemano, como es para no asustarse.

El tiempo de esta etapa es de una gran fragilidad por lo tanto es bueno cuidarse. Tener presentes nuestras necesidades, poder escucharlas, verbalizarlas y darles lugar ayudará a que no se pierda tanta energía. Como bien recomienda Evelyne Bissone Jeufroy en su libro Salir del duelo, un buen sueño, alimentación sana, cuidados corporales y ejercicio alivian las tensiones y esto permite aplacar el dolor. También atravesar este período acompañado por un profesional colabora a poder poner a la luz todo lo que nos pasa.


La expatriación es un duelo. Está considerado dentro de los tres duelos más estresantes que existen ( muerte de un ser querido, ruptura amorosa y mudanza). En todos estos casos perdemos nuestra seguridad básica.  Las relaciones que tenemos con el mundo que nos rodea cambia y se vuelven frágiles. Por momentos nos sentimos inmensamente vulnerables y con pocos recursos para seguir adelante. También se suman a estas experiencias otros duelos que quizás no hemos hecho en su momento, lo que puede aumentar la pena. Duelo viene de dolor, de haber perdido algo que era seguro o importante para nosotros. Cuanto más tiempo le dediquemos a trabajar este momento más rápido saldremos del «duelo».

Si no le dedicamos tiempo a esta experiencia, que puede ser muy rica, nunca dejaremos de ver como inaceptable lo que estamos viviendo. Parte de este proceso es poder conectarnos con todo ese mundo emocional que se pone en movimiento, registrar cada cosa que sentimos, y poder ponerle palabras. Darle lugar. Este tiempo que puede llegar a durar un año o un poco más, según los casos, es inevitable. Encontrar personas que puedan escuchar lo que nos pasa con empatía y aceptación será de gran ayuda. Muchas veces,en el entorno familiar y de amistades, la expatriación y progreso profesional de un amigo o familiar despierta muchas expectativas, admiración , envidia, miedo, Entonces, la escucha, no siempre puede ser con las características antes dichas. Es por eso, que lo que nos pasa, a veces, queda encapsulado en nosotros mismos por miedo a ser juzgado o mal entendido.

Más de una vez, cuando intentaba contar lo que sentía en la lejanía, escuchaba un: – Pero estás en París. Es imposible que te sientas así.  Escuchar esas palabras me confundía y de una manera inconsciente y por ignorancia me hacían reprimir mis emociones por considerarlas fuera de lugar. Me sentía incomprendida en esa travesía. 

El proceso de desarraigo no tiene mejores o peores escenarios. Los destinos no nos evitan dolores. El proceso es ineludible y necesario, estemos donde estemos. Y comprender esto es empezar a transitarlo en paz. Este tiempo, este paso de una zona de confort a otra, atraviesa momentos, a veces, de oscuridad y confusión. Se mezclan historias pasadas y, según el observador que somos de nuestra propia realidad, se ven de una u otra manera. Es por eso que estos procesos son tan distintos y que encerrarlos en una sola forma es un error.

En el esquema del dibujo del inicio de este post, tenemos la curva del duelo. Estos son los pasos por los que pasamos. No todos en este orden, a veces se mezclan las etapas, pero todas están de una u otra forma presentes.

En el momento de la recepción de la propuesta las emociones, que se ponen en movimiento, son variadas: entusiasmo, alegría por el reconocimiento, vértigo por el desafío, preocupación por la familia, inquietudes varias. Una vez tomada la decisión entramos en, quizás, el momento de mayor stress. Es el que ocupa la mudanza, las despedidas y la puesta en orden de todos los papeles y trámites necesarios para nuestra instalación. El desconocimiento de lo que nos espera nos exige mucha energía. Una buena empresa de relocation que nos ayude a encontrar vivienda, colegios, hacer tramites en bancos etc. puede atemperar nuestros miedos. También ponernos en comunicación con gente local, o expatriados que ya viven en ese destino puede ayudar a sentirnos más acompañados y nuestras dudas pueden ir encontrando respuestas más rápido.

Una vez pasada esta etapa, llega el enamoramiento del primer momento. Todo es novedad. Estamos abiertos al descubrimiento. Todo nos llama la atención y nuestras exigencias de los últimos tiempos bajan, por lo cual podemos empezar a disfrutar de lo nuevo. Pero al poco tiempo y cuando cada uno comienza con sus actividades , nuestra identidad se comienza nuevamente a poner en juego. Nos sentimos raros, diferentes, las demás personas nos resultan desconocidas y comienzan a aparecer las diferencias culturales, que no siempre son bien recibidas. (diferencias en la alimentación, hábitos de sociabilización, clima, recreación etc) Empieza a aparecer el miedo, el enojo, la culpa por la decisión o la vergüenza por el desconocimiento de  los hábitos locales. Es un tiempo difícil que hay que transitar y que poco a poco nos hace entrar en la tristeza por lo que hemos dejado lejos. Este tiempo es complejo.

No es fácil de ser contenido y escuchado en esos momentos. A nadie le gusta ver sufrir a los seres queridos. Entonces buscamos distraernos, sacarnos de ese estado que nos asusta. Pero evitar la tristeza no ayuda a que desaparezca. Es transitandola y llorando lo perdido que podremos ir encontrando gusto por lo nuevo. Así aparece la curva ascendente del proceso. Una negociación entre lo perdido y lo que aparece como nuevo. La sociabilización e intercambio cultural son muy importantes en esta etapa que de a poco nos irá llevando a la adaptación y aceptación de la nueva vida, pudiendo entonces aprender de este proceso, y de lo que aparece como novedoso, fortificando quien somos y disfrutando del aprendizaje que la vida nos pone por delante. Es saliendo del duelo cuando podremos disfrutar de esta fascinante experiencia de vida «lejos de casa»que tanto tiene para enseñarnos.

(agradezco a Evelyne Bissone Jeufroy  que junto a Anne Ancelin Schutzenberger escribieron  sabios consejos en «Salir del duelo»  y también por su amoroso acompañamiento en mis primeros tiempos en Paris)
: aceptacion de la experiencia, disfrutar, duelo, emociones, equilibrio
Maria Berardi
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